PARROQUIA NTRA. SRA. DE LA ASUNCION    ARENAS

 

JUGANDO DESDE LA FE

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LAS OVEJAS PERDIDAS DEL XXXII DOMINGO DEL T.O. 

 

 

 

¿FUE JESÚS MUY DURO CON LAS NECIAS?

 Por Ángel Gómez Escorial

1.- La bondad continua y multiforme demostrada por Jesús de Nazaret parece desmentirse en la parábola de las doncellas. No hubo una segunda oportunidad para esas chicas poco previsoras que, sin duda, se parecen a alguna de nuestras jovencitas de hoy. A su vez, las muchachas juiciosas demostraban gran dureza a no compartir un poco de aceite. Sorprende pues el relato de Mateo. Nos descoloca un poco. Y, sin embargo, Jesús no ha querido sorprender con una paradoja o con una enseñanza en "segunda derivada". Lo que nos quiere decir es bastante directo y poco eufemístico. Nos pide, una vez más, que estemos atentos y que no nos confiemos.

2.- El Salvador va acercándose a su Pasión. El desenlace final está cerca. Y en cierto modo, él va a repetir a sus discípulos una lectura escatológica cósmica de su muerte. Es como el final de los tiempos y, desde luego, Muerte y Resurrección de Jesús son fronteras entre dos momentos del plano temporal y humano. Pero es también una realidad eterna por la que los Hijos de Dios se van a salvar a partir de ese momento y por la acción de la reconciliación buscada por Dios y oficiada por Jesucristo. No es pues una figura literaria la vertiente escatológica de Jesús de Nazaret en esos días. Es una realidad de enorme profundidad, pues supera la dimensión y condición humanas.

3.- El final llega. Acontece el "particular", cuando morimos. Vendrá el universal, al final de los tiempos. No se trata de cultivar escenas tremendistas. Poco importa como sea nuestra muerte o como se desarrolle el final del mundo. Lo que interesa saber es que se trata de un tránsito definitivo en que las rectificaciones personales ya no son posibles. Y, entonces, si se ha agotado el tiempo para enderezar la biografía de cada uno, será mejor que la tengamos aceptablemente terminada en esos momentos. Y que nuestro relato se acerque lo más posible a lo que Dios quiere y nosotros siempre hemos anhelado. Además no son ociosas las advertencias de Jesús. No debemos perder nuestro tiempo. Decía Torcuato Luca de Tena en una muy interesante novela llamada "Carta del más allá" que la principal acción del demonio era apartarnos de nuestra auténtica vocación, de hacernos sistemáticamente perder el tiempo. Ese es el gran engaño. Podemos posponer el llenado de aceite de la alcuza hasta que ya sea inevitable. Pero antes, el Señor nos habrá dado sus mejores advertencias para evitar esa desidia. Otra cosa es que no hagamos caso y esperamos tranquilamente a la nada.

4.- Hay una cierta tendencia --hoy es muy frecuente-- a una vagancia profunda y de difícil análisis. Hay gentes que dejan agotar su vida --¿sus almas?-- hasta cotas inverosímiles. Es un abandono terrible, inhumano. Y no nos referimos, solo, al caso del hundimiento patológico por algún tipo de drogadicción destructora. Hay circunstancias en las que algunas personas abandonan toda acción lógica, todo quehacer constructivo, cualquier creatividad, para sumirse en la nada cotidiana. Ni que decir tiene que podemos hablar, también en ese sentido, de muchas carencias espirituales y de caridad hacia los hermanos. Pero también esas carencias pueden incluirse en lo más básico, en lo que puede ser un ilógico abandono. Hay vidas vacías hasta niveles verdaderamente patológicos. Y ese estado es solo obra de algo verdaderamente malo. Ahí es donde hace falta toda la fuerza de la advertencia de Jesús. Y esa advertencia dirigida con ejemplos adecuados a la época neotestamentaria es perfectamente válida para nosotros. Jesús nos pide que salgamos de la inoperancia que produce el pecado. En fin hay un plano de nuestra relación con Dios que también Jesús quiere enseñarnos. Es indudable que la ternura del Padre hacia sus criaturas es infinita. Pero también lo es su justicia. Y en el perfecto acople --solo posible para Dios-- de estas dos realidades se entiende aún mejor la parábola de las doncellas.

5.- Debemos de estar muy atentos a nuestras actitudes, a nuestra vida de cristianos. ¿Hemos pensado alguna vez en la escena de encontrarnos con Jesús, el amado Maestro, y que no nos reconociera? El epílogo del texto evangélico de hoy es estremecedor. Las doncellas llaman desde fuera: "Señor, señor, ábrenos." Pero él responde: "Os lo aseguro: no os conozco". Hay un riesgo grave entre los hombres y mujeres de fe. Y es caer --y tolerar-- el engaño. Dejar de ser cristianos en lo hondo, aunque lo parezcan en la superficie. Muchos de los que acuden a los templos están muy alejados del Espíritu del Señor. Y esconden tras su aparente buena fe y cercanía a Jesús, graves circunstancias que les hacen estar más cerca del "enemigo" que del Maestro. La hipocresía, la soberbia, el pecado, la incapacidad para el arrepentimiento ira produciendo una especie de abandono intimo que matará la semilla del Espíritu. Y todo puede llegar por desidia por abandono.

6.- Pero la liturgia ya nos ofrece una primera solución a estos problemas. Siempre los textos están perfectamente ordenados para nuestra enseñanza. Es cierto que el camino de la salvación no es fácil. Hay muchas encrucijadas para quienes quieren vivir en la fe. Se necesita de la sabiduría de Dios para mejor seguir ese camino. El engaño, la obcecación personal, la duda, la rutina aparecen y pueden ser un gran peligro para el propósito de cercanía a Jesús que nos hemos trazado. Nos hace falta ese conocimiento. Y es el texto del Libro de la Sabiduría quien nos habla de ella. Y lo hace con gran sencillez y belleza. Vamos a encontrar la sabiduría si se la pedimos a Dios y además "ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento". Que la necesaria sabiduría nos salga al paso en cada pensamiento es un gran don de Dios. Con ella evitaremos que un día Jesús pase de largo sin reconocernos.

7.- Decíamos al principio que la parábola de las doncellas se enmarca en esos mensajes "de final" que Jesús quiere dar a sus discípulos. Pablo en su Carta Primera a los Tesalonicenses nos presenta, de manera muy gráfica, el momento de la Segunda Venida de Jesús, de la Parusía. San Pablo pensaba, en el momento que escribió, ese texto que dicha venida estaba cercana. Y que él mismo --y los de su generación-- verían la gloria del Señor y esa misma Gloria aplicada a los cuerpos de los que todavía no habían muerto. Al oír la trompeta los vivos se reunirían con Jesucristo y sus santos. Pablo reconoció después que ese momento feliz y grandioso no iba a llegar tan pronto. Pero no por eso perdió la esperanza en la resurrección gloriosa de la carne, de todos los hombres. Su relato tendrá sin duda, un fuerte sentido profético y como decíamos una enorme belleza. Pero a nosotros, hoy, nos sirve para meditar en el final que nos ofrece Cristo. En el tránsito feliz hacia la vida que no acaba. Y para llegar a esa vida que no acaba, en algún momento, el Maestro nos reconocerá. Y juntos iniciaremos una existencia inimaginable.

 

8.- No es mucho trabajo desplegar una cierta atención para evitar desidias, traiciones y ausencia de responsabilidad que pueden afear nuestro semblante de seguidores de Cristo y hacernos irreconocible. Los aislamientos soberbios, las soledades egoístas, la lejanía de los hermanos y de sus necesidades es lo que puede ensombrecer y afear el rostro. Meditemos pues en lo que la Palabra de Dios ha querido decirnos hoy. Reparemos en su precisión, belleza y sólido argumento. Y no olvidemos que son, naturalmente, palabras de vida eterna.


SOLUCIÓN DE LAS OVEJAS PERDIDAS DEL XXXII DOMINGO

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a encuentro del esposo.Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

  

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